Fuerzas que intervienen en el comportamiento ético
2.- Códigos de conducta de empresa. Autorregulación sectorial.
En estrecha relación con el principio de transparencia y
como vehículo de expresión de las políticas de RSE,
tenemos los códigos de empresa, que como se ha indicado,
Cada vez son más las empresas que formulan su propio
código. Desde el punto de vista de los empleados y
directivos es clave ya que, al pasar a formar parte de la
empresa, aceptan el compromiso moral de asumir dicho
código en su conducta profesional. Estamos ante un
mensaje que se lanza a la sociedad en el sentido de
expresar el compromiso de la empresa a asumir
determinadas responsabilidades.
El término "autorregulación", generalmente, se usa como el
antónimo de "regulación", situándose el discurso entonces
en la contraposición genérica entre voluntariedad y
normatividad. Esta autorregulación puede entenderse en
clave de empresa individualmente considerada, pero
también de sector, o territorial.
Sin lugar a duda, las empresas las precisan para corregir
los impactos negativos que genera el desarrollo de su
actividad y que se emiten para influir en las prácticas de
sus socios de negocio globales, y como una manera de
informar a los consumidores sobre los principios que se
siguen en la producción de los bienes y servicios que
manufacturan o venden.
Estamos ante instrumentos muy relevantes para la
promoción de los derechos humanos, laborales y
medioambientales, así como de las medidas contra la
corrupción, en especial en aquellos países en los que las
autoridades públicas no aplican normas mínimas.
Pero este rápido desarrollo de los códigos, como
herramienta de RSE, puede ser percibido como una
peligrosa tendencia hacia la privatización de los derechos
sociales. Así, por ejemplo, sólo pueden complementar, y no
sustituir, la legislación nacional o internacional, el diálogo
social o la negociación colectiva.
La clave está en si este mecanismo es suficiente para
corregir los defectos de mercado y la economía global.
Sin duda las empresas que importan productos de países
con escasa protección de los derechos humanos tenderán
a adoptar códigos para evitar las críticas, especialmente si
sus ventas dependen en buena medida de la imagen de la
marca y de la buena voluntad del consumidor. Además del
previsible impacto positivo sobre la reputación corporativa,
la adopción e implementación de los códigos de conducta
pueden aportar otros beneficios empresariales, como una
mejora en la relación con los socios, la promoción del buen
gobierno corporativo y del cumplimiento legal en los países
de operación, y una mejora en la calidad y en la
productividad como resultado de un mejor clima laboral.
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