Música para ustedes

lunes, 1 de diciembre de 2014



Fuerzas que intervienen en el comportamiento ético



2.- Códigos de conducta de empresa. Autorregulación sectorial.

En estrecha relación con el principio de transparencia y 
como vehículo de expresión de las políticas de RSE, 
tenemos los códigos de empresa, que como se ha indicado,
Cada vez son más las empresas que formulan su propio 
código. Desde el punto de vista de los empleados y 
directivos es clave ya que, al pasar a formar parte de la 
empresa, aceptan el compromiso moral de asumir dicho 
código en su conducta profesional. Estamos ante un 
mensaje que se lanza a la sociedad en el sentido de 
expresar el compromiso de la empresa a asumir 
determinadas responsabilidades.

El término "autorregulación", generalmente, se usa como el
 antónimo de "regulación", situándose el discurso entonces 
en la contraposición genérica entre voluntariedad y 
normatividad. Esta autorregulación puede entenderse en 
clave de empresa individualmente considerada, pero 
también de sector, o territorial.


Sin lugar a duda, las empresas las precisan para corregir 
los impactos negativos que genera el desarrollo de su 
actividad y que se emiten para influir en las prácticas de 
sus socios de negocio globales, y como una manera de 
informar a los consumidores sobre los principios que se 
siguen en la producción de los bienes y servicios que
 manufacturan o venden.
Estamos ante instrumentos muy relevantes para la 
promoción de los derechos humanos, laborales y 
medioambientales, así como de las medidas contra la 
corrupción, en especial en aquellos países en los que las 
autoridades públicas no aplican normas mínimas.

Pero este rápido desarrollo de los códigos, como 
herramienta de RSE, puede ser percibido como una 
peligrosa tendencia hacia la privatización de los derechos 
sociales. Así, por ejemplo, sólo pueden complementar, y no 
sustituir, la legislación nacional o internacional, el diálogo 
social o la negociación colectiva.


La clave está en si este mecanismo es suficiente para
 corregir los defectos de mercado y la economía global.

Sin duda las empresas que importan productos de países 
con escasa protección de los derechos humanos tenderán 
adoptar códigos para evitar las críticas, especialmente si 
sus ventas dependen en buena medida de la imagen de la 
marca y de la buena voluntad del consumidor. Además del 
previsible impacto positivo sobre la reputación corporativa, 
la adopción e implementación de los códigos de conducta 

pueden aportar otros beneficios empresariales, como una 
mejora en la relación con los socios, la promoción del buen 
gobierno corporativo y del cumplimiento legal en los países 
de operación, y una mejora en la calidad y en la 
productividad como resultado de un mejor clima laboral.









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